EL PISCO ES PERUANO

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El pisco peruano, ese maravilloso licor hecho en base a la fermentación de los caldos frescos de mosto (jugo de uva), va imponiéndose con la denominación de “producto peruano” en los más exigentes mercados de Europa y USA.

El secreto de su extraordinaria calidad es –en opinión de los expertos- no sólo su tradicional elaboración, sino el hecho de que la uva empleada ha sido producida en condiciones medio-ambientales únicas en el mundo.

Y esa elaboración es tan exigente que para producir un solo litro de pisco se requieren más de 7 litros de uva.

Se sabe que históricamente el pisco comienza a elaborarse poco después de la Conquista, gracias a la llegada de las cepas de uva Moscatel. Fue el Marqués Francisco de Caravantes quien trajo la uva desde las Islas Canarias en el siglo XVI. Y aunque parezca mentira, fue el Cusco el primer lugar donde se produjo vino en estos reinos. Los cronistas señalan que el primer vaso de vino americano se elaboró en la hacienda cusqueña de Marcahuasi.

Poco después a los españoles les pareció que el clima de los valles de Ica era el ideal para iniciar la noble y afamada tradición vinera del Perú.

Y para quienes quieran saber la antigüedad del pueblo peruano de Pisco bastará con mencionarles que en el 1586 el español Miguel Cabello de Balboa mencionaba los valles de Ica, Humay (tierra de la famosa Beatita de Humay) y el fértil valle de Pisco.

Poco después los españoles hablaban del río Pisco, de Pisco Pueblo y Pisco Puerto. Desde allí se embarcaba guano y plata a la madre España.

Pero el licor pisco comienza propiamente a elaborarse a partir del siglo XVII, cuando ya estaba muy desarrollada la tecnología de la elaboración del vino.

Y fue un hecho anecdótico el que dio inicio a la elaboración del pisco. Ocurrió que los vinos producidos en el Perú comenzaron a mandarse a España, donde tuvieron una gran aceptación. Pero inmediatamente protestaron los productores españoles de vino diciendo que era una competencia desleal.

Finalmente, después de recursos y apelaciones por ambas partes; perdimos la guerra del vino. Su graciosa majestad prohibió la fabricación de vinos en el Perú.

Y gracias a ese episodio los monjes, que administraban las haciendas costeñas del sur peruano, se dedicaron a producir el fino aguardiente que bautizaron como pisco. Esta bebida se hizo pronto muy popular entre los viajeros.

Pronto el puerto de Pisco se vio lleno de la febril actividad de embarcar barriles de pisco con destino a todas las ciudades costeras. Y también, a lomo de mulas, el pisco fue penetrando a la sierra del país. En los pueblos altos de la región andina el pisco se fue volviendo insustituible para mitigar el frío de las punas y, cómo no, para celebrar todo tipo de acontecimientos.

Pero fue siempre en el invierno cuando creció la demanda del pisco en todo el territorio peruano. Y así ha sido en todos estos últimos siglos, hasta el presente en que el pisco ha comenzado a conquistar a los conocedores de todos los países del mundo.